The Captain

Se elevó como nunca antes lo había hecho. Todas las energías que podían quedarle en su cuerpo, se unieron para ese último movimiento. Como si de una estrella de cine en la alfombra roja se tratase, su gesto cautivó a todos los flashes. Por un segundo, pareció que el tiempo se había detenido y todo giraba en torno a su cabeza, dónde su calva brillaba como una luz llena de vida.

Quizás no fue el mejor remate de cabeza de su carrera. Pero si fue el primero que marcaba con el corazón. Porque la historia le había reservado ese día para él. Porque siempre fue jugador de un solo equipo. Porque el equipo tendría que hacer historia con el capitán. Es Ross Tokely. The Captain.

Amanecía otro día en Inverness, pero hoy era especial. Se notaba en el ambiente. Nada más entrar en el Foxes, pude comprobarlo. A pesar de que todavía no eran ni las ocho de la mañana, el bar estaba lleno. Cuando se percataron de mi presencia, no pude evitar sentirme un poco ruborizado. Unos chavales se acercaron a solicitarme un autógrafo. Una pareja con su hijo de unos cinco años vestido con la camisetas del Inverness, fueron a darnos ánimos y nos comentaron que esta noche nos acompañarían desde la grada de Hampden Park. Otros nos daban su soporte desde lejos, y justo cuando intentaba hablar con Maurice, empezaron a alzar sus bufandas y a corear lo que ya había escuchado más de una vez en nuestro estadio.

“Ohh Ohh Ohh, there’s a man who was born in Spain,

He’s came to the Jags and the team plays for winning,

Ohh, Ohh, Ohh, he’s the man who will lead us to glory!”

Siempre que escuchaba ese cántico me sentía halagado, pero al mismo tiempo me preocupaba ver que toda su ilusión dependía de nosotros, y no quería defraudarlos. La cita de hoy, las semifinales de la Copa de la Liga, era hasta el momento, el mejor registro de este club en toda su historia. Si estaban así de agradecidos por llegar a hasta aquí, ¿cómo reaccionarían si nos metiésemos en la final?

Hampden Park

Los primeros autocares de aficionados llegaban a la puerta del estadio. Hampden Park es el estadio dónde la selección Escocesa juega sus partidos internacionales. Situado en la capital, Glasgow, tiene un aforo para 52.500 espectadores. Desde la ventana de mi habitación en el hotel, podía ver cómo por la zona norte del estadio también entraban los aficionados del Falkirk.

Un golpeo de nudillos en la puerta de mi habitación, me abstrajo de mis pensamientos. Era Maurice, teníamos que comentar la estrategia.

“Pasa Maurice” – le indiqué señalando el pequeño salón de la suite.

“Se ha lesionado Kári Arnasson” – me soltó sin más.

“¿Cómo?”

“Como lo oyes. Acabo de hablar con el fisio y dice que durante el paseo de esta tarde, se ha tropezado y lo que parecía un leve esguince se ha convertido en rotura fibrilar. Tres semanas de baja”

No pude reaccionar. Por lo que Maurice añadió:

“Ah! y Thomas no se ha recuperado de sus molestias. Se probará en calentamiento, pero ya me ha comentado durante la comida que no lo ve claro”.

Fantástico, pensé. La pareja de centrales titulares no podrá jugar en el partido más importante de la historia del club.

“Tenemos a Munro” – dijo Maurice.

“Jugarán Tokely y Munro” – afirmé.

“¿Tokely? Pero si apenas ha jugado esta temporada. Con la edad que tiene, y sabiendo que no contamos con él la próxima temporada, ¡no creo que esté mentalmente preparado!

“¿Es un central? Sí ¿Está en el primer equipo? Sí. ¿Entonces por qué dudas?”

“Porque no hemos contado con él en toda la temporada y prefiero que juego otro. Fredson puede jugar de central”

“Fredson no va a jugar este partido porque su posición es la medio centro, y todavía no está al 100%. Además, te olvidas de una cosa. Tokely es el jugador que más veces ha vestido la camiseta de este club. Unas 483. Si hay alguien que está dispuesto a dejarse su vida hoy en el campo, es él. Es The Captain.”

Maurice se dio cuenta que la decisión estaba tomada y que no había tiempo para más debate. Teníamos trabajo.

El Falkirk demostró muy pronto que ellos también querían llegar a la final. Con un fútbol muy vertical y jugando siempre al primer toque nos habían encerrado en nuestra área durante la primera media hora. Afortunadamente, la primera vez que pisamos su área, a la salida de un córner, Munro, en plancha, nos adelanta en el marcador.1-0, minuto 30.

Poco nos duró la alegría, porque cuatro minutos después, Rothen (sí, aquel francés que deslumbró en el Mónaco finalista de la Champions de 2004) también a la salida de un córner, consiguió el empate. De esta forma llegábamos al descanso.

En el vestuario tratamos de mantener el ánimo de los chavales, motivarlos para que echasen el resto y recordarles que la ocasión lo merecía. Fue una segunda parte muy igualada. Hubo ocasiones en ambos bandos, pero ninguna acabó en gol, por lo que nos fuimos a la prórroga.

En esos momentos me fijé en las gradas de Hampden Park. Nuestra afición destacaba por sus colores azul y rojo, y no paraban de animar. De pie, cantando, sufriendo y a la vez disfrutando de ese día histórico.

Viendo el estado físico de mis jugadores, la prórroga podría ser un castigo, pero había que morir matando, por lo que les dije que se olvidaran de todo lo que habían hecho hasta ese momento. No valía nada. Ahora empezaba otro partido y había que ganarlo. Por su parte, al Falkrik también le flaqueaban sus fuerzas, así que empezamos dominando. Tras una doble ocasión, el balón fue despejado a córner.

Un gol histórico para el Inverness CT

Y allí hicimos historia. Ross Tokely, The Captain, saltó más que nadie y de un cabezazo metió al Inverness, el equipo de su vida en su primera final. La Final de la Copa de la Liga. Fue tanta la emoción, que Tokely se quito la camiseta para celebrar el gol. Le costó una tarjeta amarilla, en principio, anecdótica.

Al día siguiente, la imagen de Tokely sin camiseta celebrando el gol, ocupó todas las portadas de los diarios. Era el hombre más feliz del mundo. Se lo merecía. Toda una vida dedicada a un club y por fin podría jugar su primera final. Nada más y nada menos que contra el Celtic, un reto mayúsculo.

Diez días más tarde, tendríamos un partido contra el propio Celtic. Era en la quinta ronda de la otra copa, la Copa de Escocia. El partido estuvo igualado hasta los últimos minutos, dónde la calidad del Celtic se impuso. Finalmente perdimos por 3-1, y cuando el árbitro pitó el final del partido,  y nos fuimos al vestuario, me esperaba un ambiente de decepción pero con orgullo, porque habíamos luchado hasta el final.  Pero cuando entré y vi esas caras, algo me estaba perdiendo. Los chavales estaban hundidos, y en especial nuestro capitán, Tokely.

Miré a Maurice, buscando una explicación y me enseñó el acta arbitral. Ross Tokely había visto tarjeta amarilla en un lance del partido, y ésta, sumada a la de la otra copa, le dejaba fuera de la final. La final que él nos dio, el destino se la quita. Aquel momento de euforia que le llevó a quitarse la camiseta para celebrar el gol de su vida, diez días más tarde se convertía en decepción y castigo. Un duro golpe para un hombre noble, humilde y trabajador que ya es leyenda de este club, y que pase lo que pase en la final frente al Celtic, siempre será nuestro “The Captain”.

The Captain, estaba hundido.

2 Respuestas a “The Captain

  1. GredXII 17 octubre, 2011 en 13:46

    Estos capitanes… tienen cada cosa. Pero es normal, la emoción hace que te olvides de todo lo demás.

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