El Jugador Pasivo

Daba igual a la hora que entrases. Él siempre estaba allí. Al principio, parecía aleatorio pero con el paso de los días empecé a fijarme y no fallaba nunca. A veces rondaba una zona, otras estaba más cerca de las novedades. En cualquier caso, se pasaba todo el día allí. Además como siempre estaba abierto, supongo que no tendría la necesidad de ir a otra parte.

En ocasiones, si coincidía contigo, se convertía en tu sombra. Estaba contigo, pero apenas lo notabas. No molestaba, sólo se limitaba a mirar. Es el jugador pasivo.

Cuando las máquinas más potentes para disfrutar de un videojuego, se concentraban en los salones recreativos, no éramos pocos los que soñábamos con acabar tal juego, y a ser posible, marcar nuestras iniciales como el mejor registro. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, el éxito iba vinculado a disponer de cash, para poder seguir “insertando coins” en caso de fracaso. Por otra parte, dependiendo del tipo de recreativa en cuestión, las partidas podían durar más o menos. Por ejemplo, en casi todas las recreativas de temática deportiva, acabar con un resultado de empate, equivalía a una derrota. Es decir, de los tres posibles desenlaces de la partida (victoria, empate y derrota), dos equivalían a “Continue? Please insert coin”. Estadísticamente, tenías un 66,66% de posibilidades de acabar con “Game Over”. Difícil ¿no?

Con este escenario, lo normal era que todos los chavales nos gastásemos el cash que llevábamos encima y luego, por aquello de matar el tiempo y aprender, nos dedicábamos a ver cómo juegan los demás. Comprensible.

Football Arcade Machine

Esto generaba ciertos corrillos entorno a ciertas recreativas, si el que estaba jugando estaba en una fase avanzada poco vista entonces o demostraba cierto dominio en el juego. Creo que a todos nos halagaba que entorno a nuestra partida se generase un corrillo de mirones. Había de todo tipo. El sabiondo, el que ya se lo había pasado o el plasta que te pedía jugar. Pero siempre hubo una figura que me llamó la atención, porque era un asiduo a los corrillos, pero nunca le vi jugar. Atento a tu partida, sin apenas comentar nada, parecía disfrutar del juego ajeno, como si de una película se tratase. Un mero espectador.

Siempre pensé que no tendría medios para poder jugar como los demás, y de alguna forma despertó en mi cierta empatía. Él, por su parte se hizo asiduo a mis partidas. No hablábamos mucho, pero existía una complicidad difícil de describir. No obstante se me seguía haciendo raro que nunca jugase.

Un día, dejándome mi paga en “Euro League” (creo que se llamaba así), tras llegar a la final contra el Milan, empaté a uno, y evidentemente estaba fuera. Sabía que no tenía más monedas así  que, con cierta decepción, mientras la cuenta atrás del “continue?” se aproximaba a cero, me disponía a registrar mi record cuando “mi sombra” me sorprendió. De forma tímida me preguntó que por qué no seguía jugando. Le dije que no me quedaba dinero y que ya lo volvería a intentar otro día.

Y entonces lo entendí todo. De forma sorprendente me ofreció una moneda de 25 ptas, y me dijo:

“Toma, a ver si ganamos la final”

“Ah! ¿Quieres jugar?” – le respondí.

“No, prefiero que juegues tú. A mí me gusta ver como la gente juega, por eso estoy todo el día aquí”.

Como una sombra, siempre observando

Aquello quedo en anécdota, pero con el paso del tiempo siempre he recordado a ese personaje (nunca supe su nombre) como un tipo peculiar. Hoy le agradezco su gesto, ya que me ha servido como inspiración para escribir estas líneas. Es El Jugador Pasivo.

 

16 Respuestas a “El Jugador Pasivo

  1. 317words 22 octubre, 2011 en 14:18

    Guau, vaya historia tan bonita. 🙂

    Supongo que como los videojuegos son interactivos, se nos hace difícil pensar en espectadores. ¿Quién querría mirar pudiendo interactuar, ser partícipe de la acción? Pero claro, esta figura del espectador ya difícilmente se puede encontrar. Su hábitat natural eran las ya casi extintas salas de recreativas.

    En mis tiempo acudía alguna vez (aunque pocas, la verdad) a las salas de recreativas de mi pueblo y sí que se reconocían los perfiles que mencionas: el pesado, el sabihondo, el troll (sí, había troles también u___u)… Pero espectadores como este, que les gustara y disfrutaran viendo a los demás jugar, la verdad es que nunca llegué a encontrar ninguno.

    No logro imaginar lo que debió suponer aquel momento para ti. Alguien desconocido pero que a la vez es “familiar” por estar siempre ahí, y que en el momento clave te eche un cable… vaya. Debió ser muy especial. Por cierto, ¿lograsteis ganar la final?

    Una cosilla: ayer en el curro tuve un par de horas “vacías” sin nada que hacer y aproveché para ir poniéndome al día con tus artículos de Infoconsolas. (que pena que para comentar hay que registrarse; estando en el curro preferí no hacerlo). Este escrito me ha recordado un poco al artículo del Warcraft, salvando las distancias, por aquello de ser una visión personal de cómo jugamos… o vemos a otros jugar. 😉

    Un saludo

    • El Malo del Final 22 octubre, 2011 en 14:45

      Ese personaje lo tengo en la memoria para siempre, aunque creo que si lo viese ahora no lo reconocería. Aquel día no logramos ganar la final, pero pocos días después sí, con él de especatdor de lujo. 🙂
      Te animo a que te registres en Infoconsolas para poder comentar. Los artículos son muy variados ya que cuanta con variedad de autores. 😀

  2. rapsodos 22 octubre, 2011 en 16:00

    Que si, cojonudo articulo. Pero maldito seas 100 veces en todos los infiernos posibles xD Ganasteis o no? xDDD Que esto no es una serie, tienes que decirlo :_(

    Yo he estado en los dos lados xD Aprendiendo y jugando. Y que demonios, cuando la partida la estas haciendo bien, te inflas cual palomo en epoca de celo. Pero eso de tener el dia tonto, y cagarla cuando tienes peña mirando es horrible -.-

    Tambien esta el jugador cabron, que es el que siempre entra y te jode porque te gana. Imaginate, king of fighters, y yo jugando contra un chinorris. La satisfaccion al ganarle (mas de una vez) es embriagadora, pero lo que sufri (y aprendi) de esos combates…

  3. Laocoont 24 octubre, 2011 en 6:01

    Yo era el jugador pasivo de la saga Megaman, del Ghost’n Goblins, del Street Fighter y sobre todo de un juego que me tenía enamorado Snow Bros. Sin duda fueron grandes épocas donde uno disfrutaba sólo mirando. No necesitabas más.

    • El Malo del Final 24 octubre, 2011 en 19:56

      Aunque mirando también se aprende, nada como jugar uno mismo. A mi me pasaba que antes de probar una recreativa nueva, miraba para aprender, porque no quería que la partida me durase un minuto… 😦

  4. pixfall 24 octubre, 2011 en 23:01

    Que bonita historia… yo creo que muchas veces encarné a un jugador pasivo y como dice Laocoont, también podía convertirse en una actividad satisfactoria. Especialmente en lo que se refiere a máquinas recreativas, siempre fui bastante malo por lo que después de que me terminaba mis monedas en un abrir y cerrar de ojos, no quedaba más que quedarse mirando a los “expertos” para copiarles alguna técnica. Incluso diría que llegué a emocionarme cuando alguno de ellos se terminaba algún juego.

  5. PaRappa Grandmaster 25 octubre, 2011 en 18:14

    En algún momento también he sido un jugador pasivo porque en ciertos tipos de juego soy bastante torpe y prefería observar a fastidiar la partida, aunque claro, tampoco era una sombra al acecho, expectante por diversión, y no habría pagado 25 ptas. por continuar viendo jugar, claro (a no ser que fuese realmente bueno, o un colega que se hubiese quedado sin cash xD).

    • El Malo del Final 25 octubre, 2011 en 22:13

      Yo tampoco le hubiese dado pasta a nadie para ver como se acaba el juego, pero este tio era peculiar. Seguro que ahora es un magnate del petroleo o es el socio de Bill Gates (que nadie se acuerda como se llama, pero es el segundo tio con más pasta del mundo) 😉

  6. GredXII 28 octubre, 2011 en 15:12

    Plas, plas, plas, mis felicitaciones, como siempre sus artículo-prosa son muy buenos 😉

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