Legend

Cada mañana, Mark Fletcher desayunaba lo mismo. Daba igual si tenía que ir al colegio o al partido de los sábados. Siempre desayunaba cereales con leche. Sus favoritos eran los de miel y chocolate, pero su madre, la señora Fletcher se encargaba de racionárselos.

Aquel domingo, Mark parecía más ausente de lo normal mientras desayunaba. La Sra. Fletcher, como buena madre, sabía que hoy era un día especial para su hijo. Pero, a pesar de contar sólo con doce años, Mark era un chico muy maduro para su edad, y su madre sabía que si le preguntaba qué le pasaba, saldría con evasivas.

Mientras Mark seguía absorto en sus pensamientos, su padre, Robert Fletcher entró en la cocina. Tras dar los buenos días, miró a su hijo y le dijo: “Mark, date prisa o llegaremos tarde”.

Ambiente de gala en Hampden Park

La lluvia hizo acto de presencia desde las primeras horas de la mañana en Glasgow, por lo que el césped de Hampden Park estaba muy mojado, a pesar de su buen sistema de drenaje. Por otra parte, algo muy previsible en el mes de marzo en Escocia.

Tras los nervios iniciales al salir al campo y ver las gradas del estadio repletas de colorido, el árbitro dio el inicio del partido. Los primeros minutos pasaron muy rápidos y todavía ni me había sentado en el banquillo. En realidad, solía estar más tiempo de pie que sentado durante los partidos, pero era una costumbre empezar sentado.

Estaba claro que aquel día era diferente, porque se trataba de la Final de la Copa de la Liga.

*****

 El autocar inició su marcha desde Kenneth St dirección Glasgow. Mark seguía absorto en sus pensamientos, mientras contemplaba la lluvia a través de la ventana del autocar. Su padre, sentado a su lado, conversaba animadamente con Mr. Barrow. En general, el ambiente en el autocar era festivo y al poco tiempo si iniciaron los cánticos.

“Mark, hijo, ¿no cantas con nosotros? – preguntó Robert a su hijo.

“Eh?”

“¿Qué te pasa? Hoy es el gran día y estás ausente. Disfruta de este día, porque no sabemos si podremos vivir algo parecido.

“Claro papá” – dijo Mark, mientras esbozaba una sonrisa en su rostro.

*****

La presión del Celtic era asfixiante. Habíamos decido salir con un 4-5-1 con la finalidad de aglutinar hombres en el centro del campo y facilitar la salida de balón desde atrás, como siempre habíamos hecho. Pero los hombres de Neil Lennon presionaban muy arriba y no dábamos dos pases seguidos.

Tuvieron tres ocasiones en menos de dos minutos. La grada celtica de Hampden Park rugía con cada embestida de su equipo, mientras nuestra afición aguantaba el tipo temiéndose lo peor. Obviamente, no era la primera vez que nos enfrentábamos al Celtic. Y a pesar de que los últimos enfrentamientos habían sido muy igualados en cuanto a resultados, la historia decía que no teníamos opciones. Éramos conscientes de ello, porque la diferencia entre las plantillas era abismal, pero contábamos con un equipo competitivo con una tendencia ganadora.

Demasiado pronto para encajar un gol

Demasiado pronto para encajar un gol pensé cuando Shaun Maloney, de cabeza y a la salida de un córner, establecía el 1-0 para el Celtic. Era el minuto 7 de partido y en el rostro de mis jugadores vi miedo. Intenté animarlos desde la banda pero durante los siguientes 20 minutos la tendencia no cambió.

El Celtic seguía siendo amo y señor del balón, habían estirado líneas y el partido se jugaba en nuestra área. Todos los condicionantes para que te goleen.

*****

Mark y su padre ya estaban ubicados en sus asientos. Las localidades eran en el fondo sur del estadio. Mark pensó que podría ver de cerca los goles de esa portería, y esperaba que no fuesen del Celtic. Ya estaba de mejor humor y su padre se alegraba por ello. Pero cada vez que se acordaba de su abuelo se entristecía.

Mr. Abbot, el abuelo de Mark por parte materna, era un gran aficionado al Inverness CT. De hecho fue uno de los precursores que en 1994 fundaron el club actual. Uniendo a los equipos Caledonian F.C. e Inverness Thistle F.C., ambos miembros de la Liga de Fútbol Highland. El sueño de Mr. Abbot era que el equipo de su vida llegase a la Premier, y pudiese codearse con los equipos más grandes. Su sueño se cumplió en 2004, cuando el Inverness CT consiguió el ascenso a la Premier escocesa. El abuelo de Mark, falleció pocos meses después.

*****

Media hora de partido y el ritmo del Celtic no bajaba. Ordené juntar las líneas y salir a presionar a su campo, pero tampoco sirvió de mucho. Se generaban espacios a la espalda de nuestra defensa y con un Marc Crosas imperial que ponía el balón dónde quería, aquello era una orgía de ocasiones para el Celtic. Unas veces nuestro portero, Costanzo. Otras la defensa. Y algunas más, que la Diosa Fortuna desvió al poste sin opción a remate.

Me sentía impotente y sin recursos técnicos que aplicar. Así que indiqué a Robi Merino y a Quansah que adelantasen su posición pasando a jugar un 4-3-3 con presión en todo el campo. Parece que funcionó porque el Celtic aflojó un poco el ritmo, a pesar de que seguían dominando el esférico. Estaba claro que no podíamos discutírselo, así que ordené jugar en largo.

Con estas indicaciones, rompimos el juego de creación del Celtic, y en el minuto 36 de partido, Carl Dickinson desde el lateral izquierdo realiza un desplazamiento en largo al espacio que Adam Rooney lee perfectamente, adelantándose a la defensa rival. Sibonisio Gaxa, central contundente pero lento, viéndose superado por nuestro delantero, lo derriba dentro del área.

El árbitro no dudó. Penalti y expulsión. Increíble. Una oportunidad de sacar la cabeza y meternos en el partido. Tras las protestas de los jugadores del Celtic, Gaxa abandonaba el terreno de juego y Adam Rooney, máximo goleador de la Premier, se disponía a lanzar el penalti.

*****

“Papá ¿que ha pitado?” – preguntó impaciente Mark a su padre.

“Creo que penalti… no espera… ¡penalti y expulsión!” – indicó Robert.

Adam Rooney no falla

Mark saltó de alegría mientras se abrazaba a su padre. Tras la euforia inicial, Robert intentó calmar a su hijo diciéndole que primero había que convertir en gol el penalti y después celebrarlo.

“Adam Rooney no falla” – Le espetó Mark a su padre.

“Dios te oiga” – contestó Robert.

El 9 del Inverness CT engañó al portero en el lanzamiento del penalti, colocando el balón al fondo de las mallas. Fue un disparo seco, ajustado al palo derecho y por abajo, dónde nunca llegan los porteros.

La grada se tornó azul y roja de alegría. El Inverness CT había empatado y el Celtic jugaría el resto del partido con 10 jugadores.

*****

En el vestuario vi a los chavales muy optimistas. La primera parte había acabado con el Celtic recolocando sus líneas debido a la expulsión y nosotros con alguna tímida ocasión. Junto con Maurice, intenté dar un mensaje de ánimo pero sin querer presionarlos. Estaban ante la oportunidad de su vida y debían aprovecharla. No pude reprimirme y les dije “sé que pensáis que esto está hecho y que vamos a llevarnos el título a casa. Pero, conozco a Neil Lennon y seguro que les está diciendo a sus jugadores que somos tan malos que podrían ganarnos sin portero. Así que vamos a salir ahí, a buscar el balón, a llevar el peso del partido y vamos a hacer nuestro fútbol hasta que esos saquen el hígado por la boca. Si alguien cree, que no somos capaces de ganar esta final, que lo diga” Se hizo un silencio. “entonces, ¡vamos a por la copa!”

Los gritos eufóricos resonaron en el túnel de vestuarios, dónde ya esperaba el Celtic. La segunda parte estaba a punto de empezar.

*****

 Robert intentaba proteger a su hijo de la lluvia, colocándole de forma correcta el chubasquero. Mr. Barrow con su inseparable transistor puesto en la oreja, comentaba que Samaras, el corpulento delantero griego del Celtic, se había quedado en el vestuario por lesión. Paddy McCourt le sustituiría. El Celtic ya había realizado dos cambios.

“Creo que salimos con un 4-4-2” – gritó Mr. Barrow.

“Sí, es cierto. Abdi Ibrahim se ha colocado en la banda derecha y Quansah de segundo punta acompaña a Rooney en el ataque” – aclaró Mark.

*****

Ya en la segunda mitad, aprovechando nuestra superioridad numérica y con nuestro esquema más habitual, empezamos a dominar el encuentro. Generamos ocasiones, pero ellos se defendían muy bien, y no acabamos de concretar. Además, el Celtic incluso con uno menos, no renunciaba al ataque y estuvieron muy cerca de conseguir el gol.

En las gradas, las aficiones mantenían su particular partido con cánticos dedicados a los rivales. La intensidad de la lluvia aumentó, y el partido empezó a ponerse muy duro. No sé si fue por el cansancio físico o mental, pero los de Lennon aumentaron su agresividad al verse superados por los nuestros en todo momento. El árbitro estuvo acertado y mostró hasta cuatro cartulinas amarillas a jugadores del Celtic, en apenas veinte minutos. Pero de alguna forma, consiguieron su objetivo. A pesar de dar entrada a Niculae y a Garvan para generar más poder ofensivo, llegamos al minuto 90 con empate a uno.

*****

Mark estaba agotado. No había parado en ningún momento de animar. Incluso en aquella ocasión que Niculae estrelló el balón en el lateral de la red, llegó a gritar gol, pero sólo era un efecto óptico sumado a las ganas de que su equipo ganase aquella final.

Decidió sentarse, y en aquel momento su rostro se tornó triste. Volvió  a acordarse de su abuelo, y pensó que le hubiese gustado que estuviese allí con él. Pero lo que más tristeza le dio, fue recordar lo que su abuelo siempre le decía “Mark, somos fans de un club tan modesto, que tuvo que fusionarse con otro para poder acceder a las competiciones profesionales. Este club, siempre llevará ese estigma toda la vida y la suerte le será esquiva”.

Acostumbrados a la derrota

Mientras recordaba aquella sentencia, su joven mente recorría episodios dónde, efectivamente, el Inverness CT había sufrido un terrible desdicha. Partidos perdidos en los últimos minutos, goleadas humillantes contra el eterno rival, el Aberdeen o fuga de los mejores talentos a los grandes de Escocia. Sí, el abuelo tenía razón. Habíamos perdonado al Celtic en la segunda mitad, así que la suerte, una vez más, no estaba con nosotros.

*****

Antes de empezar la primera parte de la prórroga, las consignas habían sido claras. Win or die. No había punto medio. Decidimos arriesgar y jugar con una defensa de tres, dos falsos carrileros que ocupaban toda la banda, tres centrocampistas y dos delanteros. 3-5-2 con presión muy arriba y nuestro portero haciendo de libre. Como si fuésemos perdiendo. Había que marcar y llevarse la Copa a casa.

A pesar del cansancio acumulado, mis jugadores se estaban dejando la vida en el campo. Cada balón, cada salto, cada lance del juego era disputado al máximo. Pero el Celtic es un grande y no rehusó el envite. Estaban con uno menos, pero apenas se notaba debido al gran despliegue físico de su medular.

El partido transcurría con mucha interrupción y sin apenas ocasiones claras. Parecía que el miedo a perder se había instalado en ambos bandos, y las piernas habían empezado a encogerse.

Cuando Paddy McCourt introdujo el balón en nuestra portería, tras una asistencia magistral de Marc Crosas, se me heló el corazón. No podía ser. Levantarse de ese golpe tan dura iba a ser muy complicado. Pero la agonía apenas me duró unos segundos. Nunca me había alegrado tanto de ver a un juez de línea con el banderín levantado, invalidando la jugada por fuera de juego. Los jugadores del Celtic enloquecieron con el árbitro, pero la decisión ya estaba tomada. Gol anulado.

*****

La mayoría de los aficionados del Inverness CT, ya habían dejado de animar. Parecían tan cansados como los propios jugadores. Demasiada tensión para una afición tan novata en estas situaciones. Por su parte, los aficionados del Celtic se veían ganadores, pero cuando el árbitro anuló el gol de McCourt, canalizaron su energía en increpar al colegiado.

Robert miraba a su hijo y no sabía que decirle. El joven mostraba una expresión difícil de definir. Era una mezcla entre cansancio, estrés, tristeza y esperanza. Así que se dirigió a él de la mejor manera que supo.

“Mark, hijo. Ya verás como todo sale bien”

“¿Tú crees? El abuelo siempre decía que…”

“Sí, ya sé que decía el abuelo, pero hoy será diferente”

Las palabras de Robert sonaron sin credibilidad alguna. Normal. Ni él mismo se las creía.

*****

Apenas quedaban tres minutos para que acabase la primera mitad de la prórroga y nuevamente estábamos sufriendo las embestidas del Celtic. No eran ocasiones muy claras, pero siempre generaban sensación de peligro. Yo insistía en la presión en su campo, pero había algunos jugadores que ya estaban al límite físicamente.

Un balón dividido en la zona ancha, cayó en los pies de Robi Merino. Para variar, decidió aventurarse en un sprint por la banda. Si había una cualidad en Robi, era su velocidad de conducción, con una precisión pasmosa, muy por encima del resto de jugadores de la Premier. Así que, aquello podría darnos algo. Emilio Izaguirre le seguía de cerca, y cuando se puso a su altura, Robi, en vez de intentar el regate o frenar su cursa, lanzó un centro muy alto al área del Celtic.

El balón voló tan alto que los centrales blanquiverdes no se percataron de la presencia de Abdi Ibrahim que en el segundo palo, empalaba el balón que entraba como un obús en la portería de Rustam Kuhdzhamov.

Creo que fue aquel grito con el gol, el que me dejó afónico del todo. Corrí la banda junto con todo el banquillo a sumarnos a la piña de los jugadores celebrando el gol. 1-2. Ya tocábamos la Copa con nuestras manos.

Piña para celebrar el 1-2

Para la segunda parte de la prorroga decidimos juntar más las líneas y cederles la iniciativa. Si robábamos el esférico, el objetivo era mantener posesiones largas y seguras, desesperando al rival porque el tiempo pasaba. Para ellos muy deprisa y para nosotros muy despacio. El Celtic, poco acostumbrado a ir detrás del balón, se empleó con dureza y acabó de tirar la Copa, con dos expulsiones en cinco minutos. No hubo tiempo para más.

*****

Cuando el árbitro pitó el final del encuentro Mark y su padre se fundieron en cálido abrazo. Su equipo había ganado por primera vez en su historia un título. La Copa de Escocia.

Robert miró a su hijo a los ojos y le dijo “Lo ves Mark. Esta vez ha sido diferente”. Mark con los ojos llorosos de la emoción, notó como su móvil vibraba en el interior del bolsillo de su pantalón. Era su madre.

“Mamá. ¡Hemos ganado! ¿Lo has visto, Mamá? ¡Somos campeones!”

“¡Claro que lo he visto! ¡No te imaginas la que se está montando en Inverness!”

Entonces Mark, rompió a llorar de forma desconsolada. Robert lo abrazó fuertemente, mientras oís como el niño entre sollozos le decía a su madre:

“Mamá, esta noche, cuando le reces al abuelo, dile que le echo de menos, pero él estaba equivocado, porque el Inverness sí es un equipo ganador”

*****

Con la vista perdida en el majestuoso Hampden Park, no me percaté que el autocar que nos llevaría al hotel para celebrar nuestra victoria, ya había iniciado su marcha. Maurice se había sentado a mi lado. Con su iPad intentaba consultar las sensaciones en las redes sociales. Sin más, emitió una extraña carcajada, mientras me mostraba el titular del Inverness Courier “Legend”.

"Legend"

3 Respuestas a “Legend

  1. GredXII 14 noviembre, 2011 en 13:44

    Me se de cierto entrenador, que tendría cuerda para rato con las actuaciones arbitrales de este partido, es más, habría ciertos periódicos que se vendería como churros con sus Photoshops… pero aquí lo importante no es el elemento mediático, es la historia y el título conseguido.

  2. Pingback:No cojas ese vuelo «

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