John Random

Como cada viernes, John se preparaba para ir a trabajar. Los viernes eran especiales, porque la jornada laboral podía alargarse hasta el infinito. De hecho, su trabajo no entendía de horarios, pero casi siempre, el volumen de horas laborales se concentraba durante fin de semana.

Se despidió de su mujer y de sus hijos, y cogió la bolsa del trabajo. En ella llevaba la ropa y accesorios para la ocasión. Todo el material necesario se lo proporcionaba la empresa, y él sólo tenía que preocuparse de estar en tiempo y forma dónde le habían indicado. Lo que más le gustaba de su trabajo era que su destino era variable. Además, hasta que no llegase a la central, no le daban órdenes específicas de la posición a cubrir. Esto le generaba cierto cosquilleo en su estomago. Porque a John siempre le había gustado sentir esa sensación de novedad constante. De hecho, no recordaba ningún día sin sentir aquello. Por mucho tiempo que pasase, su trabajo le seguía pareciendo igual de emocionante que el primer día.

Lector biométrico de retina

El desplazamiento hasta el trabajo se le hacía relativamente corto, aunque iba en función del tráfico. En cualquier caso ya se encontraba en su hábitat natural. Como de costumbre, accedió por el sector seis, acercando su ojo al lector biométrico de retina que se encontraba en la puerta. Era traspasar esa puerta y ya tenía la información para su primer desplazamiento. Estaba contento, porque nunca había estado allí antes. Mientras se colocaba el atuendo correspondiente, pudo comprobar que aquel día no estaría solo. Algunas veces las características para cubrir un servicio, implicaban la presencia de varios miembros del sector seis. Si bien es cierto que había mucha rotación, la mayoría de compañeros le resultaban conocidos.

Las cabinas de vestuario eran individuales, pero podías ver a través de una pequeña ventana, el resto de cabinas. A través de ella pudo comprobar que había dos compañeros más, preparados para el mismo servicio que él. Las normas en el desarrollo del trabajo eran muy estrictas. No podían hablar entre ellos. Cada uno tenía un objetivo que cumplir y sólo podía comunicarse con el gestor del sector en caso de incidencia o anomalía. Este método, aseguraba una efectividad muy alta en los procesos implantados por la empresa.

John ya estaba preparado, por lo que pulsó el botón rojo de la cabina de vestuario. A los dos segundos, la puerta que daba acceso a las lanzaderas se abrió de forma rápida y sin apenas registrar ruido. De forma totalmente coordinada y al unísono, los tres compañeros se introdujeron en la lanzadera. Cada uno en su sitio previamente asignado. Sin poder comunicarse entre ellos. Ni si quiera mirarse.

Un marcador en el techo interior de la lanzadera indicaba con una cuenta atrás cuanto faltaba para iniciar el desplazamiento. John sabía que cuando el marcador llegase a cero, debía cerrar los ojos, y en cuestión de segundos, ya estaría en su campo de trabajo. 3, 2,1 y…

Abrió los ojos y lo primero que vio fue aquella pared mohosa. El suelo era de piedra, pero estaba claro que aquello no lo había hecho el hombre. Se encontraba en un habitáculo frío y oscuro, aunque dos pequeñas antorchas colgadas de una de las paredes irregulares, ofrecían algo de luz. Una vez ubicado, decidió observarse a sí mismo. La indumentaria para aquella ocasión era bastante incómoda. Peto, brazales y botas de piel destacaban sobre los pantalones y la camisa de hilo duro. Sobre su cabeza, un yelmo abollado de hierro. En su mano derecha, una espada corta. Y en su mano izquierda un escudo de hierro con el dibujo desgastado de un dragón en el dorso. Una pequeña bolsa de tela colgaba de su cinturón. En el interior de la bolsa, algunas monedas de oro, una ganzúa y una llave.

Vestido para la ocasión

Pensó que hacía tiempo que no le tocaba una zona como esta, así que estaba contento con el destino que le habían encomendado. Oyó un ruido a su derecha, y vio a sus dos compañeros, con indumentarias similares a las suyas. Aunque uno llevaba un arco y el otro un bastón. Mientras los observaba, se dio cuenta que ellos no eran conscientes. Estaban concentrados en su trabajo y parecía que nada podía interrumpirlos.

Alguna señal le envió su cerebro, para que se centrase en su misión. Unos pasos ligeros se acercaban a la entrada de la estancia. Estaba preparado y sabía cuál era su objetivo. La figura asomó por el umbral de la puerta, y de forma automática, el brazo derecho de John se accionó para cargar contra aquello. Pero algo no estaba funcionando bien, porque su ataque golpeó a uno de sus compañeros. Este no parecía inmutarse y seguía atacando al enemigo común. De hecho, parecía que John estaba fuera del combate. Sus acciones no tenían consecuencias y parecía un fantasma allí en medio.

No era la primera vez que le pasaba, por lo que sabía qué hacer. Solicitó órdenes a su gestor del sector seis, y antes de que fuera consciente ya las estaba ejecutando. No sabía por qué extraño motivo, pero se encontraba corriendo para salir de la estancia. Y una vez fuera, salió a un estrecho pasillo dónde al final del mismo, unas escaleras de caracol parecían la única salida. John seguía corriendo porque esa era la directriz marcada. Atravesó paredes y muros y finalmente abandonó aquella zona. Al salir al exterior, dejó de correr. Se sentía extraño. No recibía ninguna indicación desde el sector seis. Intentó comunicarse con ellos, pero no hubo respuesta. Empezó a notar una sensación extraña, como de libertad. Ya no llevaba aquella indumentaria y tampoco la espada y el escudo.

*****

Otro "bug"

En algún punto de Canadá…

–          ¡Frank! ¡Ven a ver esto!

–          ¿Qué ocurre?

–          Otro “bug”. Resulta que en la cueva de Hielo del Colmillo de Dragón, el PNJ que lleva la llave para poder salir, no puede ser eliminado. Además, desaparece atravesando la pared.

–          ¿Has mirado el código?

–          Sí, y está todo bien. El problema es la llave. No sé porque pero si a un PNJ le pongo la llave en su inventario, el juego peta.

–          Bien. Cárgate el PNJ y coloca la llave en un cofre con una trampa.

*****

John estaba experimentado una sensación nueva para él. Estaba en medio de la nada, pero por primera vez en su vida, podía pensar por él mismo. Si quería saltar, saltaba. Gritar, gritaba. E incluso probó de golpearse y sintió el dolor. Estaba fatigado y se tumbo en el suelo. Cerró los ojos y se acordó de su mujer y de sus hijos. Era libre. Era feliz.

4 Respuestas a “John Random

  1. GredXII 22 noviembre, 2011 en 20:42

    Es que los bugs los carga el diablo…

    Yo no lo entiendo, los bugs son algo que siempre ha estado ahí (antes incluso eran más molestos ya que no había forma de repararlos, pero hoy en día, con el dineral que se invierte en desarrollar un producto, no entiendo como a dos días de salir un juego, suele haber un parche y un DLC esperando… XD

    Pobre John…

    • El Malo del Final 23 noviembre, 2011 en 10:21

      Pobre John…Toda la vida siendo un PNJ respestable y de repente se convierte en un bug… 😀
      Totalmente de acuerdo contigo. Parece mentira que con los tiempos que corren y las inversiones que se hacen, no se puedan evitar estas situaciones.

  2. Laocoont 23 noviembre, 2011 en 19:59

    No es un bug propiamente dicho y me explico. Remitiéndome a Matrix – película que voy a empezar a utilizar más amenudo – estamos ante la incapacidad de una fórmula matemática de predecir todos los errores. Mr. Smith no es un bug, es un PNJ controlado por la matriz – Matriz – que debido a un salto no esperado, Neo, llega convertirse en un bug no previsto por el Arquitecto.

    Quizás a John Random le suceda lo mismo, se vea inmerso dentro de una ecuación que no comprende para intentar escapar de un elemento aleatoria e incontrolable. Pero éste es él, cosa que hace que se halle en un bucle sin retorno. Un “bug” si lo prefieren pero algo necesario, como esos PNJs malditos que no pueden ser asesinados en Skyrim. Y digo necesarios porque de exterminar toda forma de vida sería la perdición del avatar, caminaría horas y horas por la pantalla buscando que alguna fórmula procedural de generación de personajes le otorgase algo para matar. Eso sí, de forma aleatoria y sin ningún tipo de influencia sobre una trama…

    En fin, por mucho que nos moleste la aparición del bug es una buena noticia, ya que querrá decir que la cosa avanza y tal y como corren hoy en día los tiempos algún parche sacarán para su arreglo. Si John Random hubiera vivido en un cartucho hubiera perdurado su existencia hasta el fin de los días.

    • El Malo del Final 24 noviembre, 2011 en 22:54

      Efectivamente, John no es un bug, si no un PNJ con sus rutinas habituales, sin ser consciente de que su universo, pertenece a otro universo. El concepto es similar al de Matrix, pero la inspiración me ha venido jugando a Skyrim!! 😀

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