Archivos en la Categoría: Rol

Dovahkiin

“El hombre nace libre, responsable y sin excusas”

Jean Paul Sarte (1905-1980)

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La Maza de Moluk-Valk

La luz de la antorcha, apenas me permitía observar la profundidad de la cámara central. Tras muchos días de viaje, ya estaba allí. Parecía que, por fin, acabaría con aquella leyenda. Todo empezó cuando aquel tendero de Brond Brondy, me quiso vender aquella espada rota. Le dije que no jugase conmigo si quería mantener el negocio. Creo que mi amenaza surgió efecto y el tendero cambió su tono.
No era para menos. Mi reputación como asesino era más que conocida en la zona, y a pesar de mi discreción, mis rasgos de Elfo Oscuro me delataban con frecuencia. Tampoco me preocupaba mucho, porque no era la primera vez que a la milicia de un pueblo le interesaba hacer la vista gorda conmigo. Yo lo llamaba un simple “pacto de caballeros”, si aceptamos por caballeros a un capitán de la guardia corrupto y a un asesino sin nada que perder.

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Tócala otra vez, Sam

Seguro que alguna vez habéis oído esta frase, y que erróneamente, está vinculada a la película Casablanca (1942) dirigida por Michael Curtiz, y que cuenta con Ingrid Bergman y Humphrey Bogart como actores principales. Tan cierto es que la película fue galardonada con tres Óscar (Mejor director, Mejor película y Mejor guión adaptado), como que la famosa frase “Tócala otra vez, Sam”, no aparece en ningún momento de la película, ni en su versión original, ni en su traducción al castellano.
El vínculo de esta frase con el celuloide se produce en 1972 con “Sueños de un seductor” (“Play It Again, Sam” como título original), basada en una obra homónima de Woody Allen llevada a la pantalla por el director Herbert Ross.
Anécdotas al margen, esta frase, puede utilizarse para indicar a alguien que nos deleite con su música o interpretación. Ese “play” que a veces nos gustaría poder hacer, a modo de crea algo nuevo, a nuestros compositores favoritos. Y si de música y videojuegos hablamos, sólo me cabe un nombre en mi cabeza, Jeremy Soule.

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Be Free

Desde su inicio, el concepto del videojuego, no es otro que simular dentro de sus posibilidades un mundo poco habitual en la vida real, y que brinda la oportunidad al jugador de sentir que es parte de ese mundo. Hay excepciones, que por aproximarse a nuestro mundo real, en tiempo y forma, parecen distanciarse de esta simulación. Pero siguen teniendo un componente de ficción. Me refiero a juegos como Los Sims (Electronic Arts 2000) o Second Live (Linden Research 2003).

Uno de los casos más sorprendentes es Arkanoid (Taito 1986). Todos recordamos su “Nave Espacial Vaus” y su famosa “bolita” rebotando en las paredes del escenario, cada vez más deprisa. El objetivo era destruir todos los ladrillos de la pantalla, para acceder a la siguiente. Pero, detrás de toda esta dinámica pasa pantallas, había una historia. Nuestra misión,  a bordo de nuestra nave, era acabar con el malvado Doh, que nos esperaba en el nivel 33. Nuevamente una simulación, en este caso, de un mundo interplanetario dónde tenemos que salvar a la galaxia de una amenaza mayor.

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Ducharted

Todos, más o menos, guardamos en nuestra memoria aquella primera vez interactuando con un videojuego. En función de nuestra edad, el episodio en cuestión se torna más o menos retro. Lo curioso es que en la mayoría de los casos, ese momento, supuso un clic en nuestra mente, y nos despertó cierta curiosidad.

Me refiero a ese, “me ha gustado la experiencia y cuando pueda repito”, que se genera de forma automática, cada vez que jugamos. Pero es obvio que la primera vez, es la que te marca el devenir en tu relación con la experiencia. Estoy seguro, que en vuestro entorno, hay personas que también tuvieron esa experiencia en su día, pero a diferencia de la nuestra, no sintieron esa necesidad de seguir experimentando aquella actividad.  Digamos que el clic no funcionó.

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